En 1968 comenzó el primer Festival de Teatro de Manizales, el encuentro escénico más longevo del continente, que en aquella edición fundacional contó con la participación de grupos de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela. En homenaje a ese hito, hoy celebramos el Día del Teatro Latinoamericano.
Para esta conmemoración de 2019, el mensaje oficial ha sido redactado por la reconocida directora, actriz y socióloga mexicana radicada en Nicaragua, Lucero Millán. Sus palabras, atravesadas por la realidad sociopolítica de la región, nos invitan a reflexionar sobre el oficio.
“Nunca antes había experimentado con tanta fuerza el concepto del teatro como espacio de libertad como en estos últimos años. Era el mes de abril de 2018 en Nicaragua; las luces se oscurecían para dar inicio a la función ante la mirada atenta de un público que se debatía —al igual que nosotros en el escenario— entre el terror de lo que sucedía afuera y el deseo de escapar de esa misma realidad, uniéndonos en una solidaridad silenciosa. Una solidaridad que respiraba por todos, por los presentes y los ausentes.
Por nuestra parte, actuábamos midiendo cada palabra por el miedo que nos generaba la posibilidad de que una voz burda interrumpiera la función o de que una mala jugada se atravesara al regresar a nuestras casas. En la medida que medíamos fuerzas y no pasaba nada, pero pasaba todo —como suele suceder en el teatro—, estábamos más presentes que nunca, en el aquí y ahora, vivos, sosteniéndonos en la mirada de nuestros compañeros.
En estos tiempos en que nada es lo que parece, en que ante un mismo hecho se construyen dos realidades paralelas, y donde en nombre del pueblo se mata al pueblo, me refugio en mi grupo (cómplices en un proyecto de vida) y en el teatro. Es el único que se encarga de explorar esa realidad escondida que me reconcilia con el ser humano, me genera empatía y me hace creer que la esperanza es posible, ya que como dice Peter Brook: cuando alguien siente, comprende.
Conozco el teatro desde abajo, desde el espacio vacío, desde la clase impartida bajo la sombra de un árbol de chilamate, desde la rabia de la injusticia y desde la alegría de la revolución. Ese teatro que se hace de la nada, a partir del placer de subirte al escenario después de meses de ensayos que te dan sentido de pertenencia, para finalmente devolverte al público en tu máxima fragilidad. Esa maravillosa fragilidad que transforma la calidad del contacto con el espectador.
Con frecuencia me pregunto: ¿Qué tiene el teatro que no me deja dejarlo? ¿Por qué insistimos en hacerlo cuando todo atenta contra él? ¿Cómo seguir haciendo teatro en un contexto político adverso? Quizás persisto porque me gusta la persona que soy cuando hago teatro y porque no tengo otra manera de sentirme más viva. Hace poco escuché a un joven decir: ‘ser un preso político es ser un actor sin escenario’, y pensé que la gente de teatro tiene la dicha de construir sus propios escenarios donde sea. Las voces y los personajes viajan con nosotros, logrando hacer de nuestro espacio un sitio de resistencia.
No estoy sola, construyo comunidad cuando le devuelvo a la gente una imagen, un sonido, una palabra que es suya y mía, porque viene de regreso vulnerable, con interrogantes, en su nueva forma, construyendo una nueva realidad poetizada, subjetiva, hermosa en su desnudez.
En estos tiempos en que el poder se ejerce por la fuerza de las armas, el dinero y el control de las instituciones, el teatro gana la batalla porque en cada función renace y se reinventa; porque tenemos el poder de trascender, conmover y la magia de hacer visible aquello que, por lo general, es invisible.”.
Lucero Millán
Lucero Millán
Socióloga, actriz, directora y promotora cultural de origen mexicano. En 1979 fundó el Teatro Justo Rufino Garay en Nicaragua, consolidando uno de los grupos más profesionales de Centroamérica y creando la primera sala de teatro independiente de ese país. Formadora de varias generaciones de actores, ha llevado sus obras por más de 25 países y recibido múltiples reconocimientos. Desde 1995 dirige el FIT/Nicaragua (Festival Internacional de Teatro). Es autora de obras como Ay amor ya no me quieras tanto, La ciudad vacía y Francisca, además de la investigación Teatro, Política y Creación.