Un susurro de alas

Atmósfera de monte y deseo

Bajo el sol de un campo de tensiones, la música y los pájaros rodean la figura de Elenita. Entre el asedio de un patrón y el encuentro furtivo con un peón, la puesta de Graciela Pereyra traduce en imágenes y sonidos la escritura de Sandra Franzen.

Aire rural. Allí Elenita (María Gaddi), muchacha salvaje y libre, bajo el sol, sólo le interesa la música y los pájaros. A sus 16 años está llena de sueños, y con la fantasía de una adolescente que ama la naturaleza.

Su ternura es pretendida por un hombre (Osvaldo Laport) mucho mayor que ella, rudo, patrón de campo. Él tratará de conquistarla, con versos, flores, y todo lo posible, pero su rechazo es constante. Elenita tiene otros encuentros amorosos a escondidas con Torito (Franco Marani), el joven peón de él.

Sandra Franzen, dramaturga de “Un susurro de alas”, concibió un texto poéticamente muy hermoso, donde lo difícil que podría resultar el decir, está muy bien resuelto por sus protagonistas.

Párrafo aparte merece la actuación de Osvaldo Laport, en estos arriesgarse de actores más reconocidos fuera de la esfera comercial, y con propuestas más “jugadas”. Comprometida su actuación en esas interpretaciones que denotan trabajo, supervisada bien de cerca por la directora Graciela Pereyra.

La puesta, en dos lugares, también está cuidada, con música en vivo de Carlos Irigoyen que crea esas atmósferas camperas necesarias que acompañan el relato.

Franzen fue ganadora del Primer Premio del concurso Roberto Arlt, de la Universidad Nacional de las Artes en 2018 por esta obra y es autora, además, de “El vals del plomero”, la trilogía “No es amor, es deseo”, “El museo de las legítimas” y “El corazón del incauto”, entre otros títulos.

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